domingo, 30 de mayo de 2010

Satisfecho

No hay un manual que nos diga lo que debemos hacer en todas las situaciones, pero resulta de vital importancia encontrar lo razonable y el comportamiento adecuado en base a lo aprendido. Si bien no hay nada seguro con respecto a las decisiones que tomemos, el no tomar una, el no arriesgarnos, puede hacer que vaguemos sin rumbo rumiando nuestra impotencia de no poder dar un paso con la garantía de que todo estará bien, pase lo que pase.




Sea cual fuere la decisión, estoy seguro de que si esta es atenta antes que nada con los sentimientos del resto -no primero con los nuestros- y no es inspirada por el rencor o el egoísmo es, nos beneficie o no, una decisión sabia. Entonces, se puede decir que sí hay decisiones siempre correctas: las que satisfacen, no las que benefician. Según lo veo, el beneficio es egoísta, la satisfacción no necesariamente, pues existe aquella que no es material sino más bien del alma. A esa me refiero.
Uno puede encontrar satisfacción en el bienestar ajeno, pero siempre habrá casos en que el beneficio de otros no nos beneficiará a nosotros; y viceversa. El beneficio requiere de cálculos exactos, una lógica muy bien argumentada que nos indique qué es con certeza lo que impondrá nuestro bienestar ante el ajeno. En cambio, la satisfacción no. Para estar satisfechos bastaría con dejar de desear lo que perseguíamos, incluso con apasionado ardor.

Lo correcto de la solución de un problema sentimental también tendría que apreciarse en base a la satisfacción antes que al beneficio. En caso contrario, el veneno que la pasión desmedida destila opacará nuestro buen juicio. Tratándose de sentimientos y no de bienes materiales, sería imposible calcular finalmente qué es precisamente lo que beneficiará a ambas partes. No es un cálculo, por lo tanto no tendría por qué procurar beneficios para nadie. Menos todavía para uno mismo.

Dependiendo, entonces, de qué es lo que buscamos -satisfacción o beneficio- es que hallaremos o no solución a nuestras encrucijadas sentimentales y, aun más, el logro de nuestro propio equilibrio. El individuo egoísta, por ende, será el más perjudicado en el asunto.

Me doy por satisfecho. Gracias.

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